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Documental sobre LIGO, el observatorio de ondas gravitacionales abril 15, 2014

Posted by Enrique in Divulgación de las Ciencias.
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De space.com nos llega un documental de 20 minutos sobre uno de los detectores de ondas gravitacionales, LIGO (Laser Interferometer Gravitational Observatory).

Como todo experimento moderno, LIGO es una máquina sofisticada, una obra de ingeniería moderna. El documental resalta la parte técnica e instrumental del experimento.

Link del video aquí.

ligo

Gravedad* abril 8, 2014

Posted by beatriz in Ciencia y Sociedad, Divulgación de las Ciencias, Relatividad General.
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Originalmente publicado el 3 de abril en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/gravedad

Si vio el cuarto episodio de Cosmos, fue testigo de un esfuerzo creativo y millonario para hacerlo entrar en contacto con la relatividad general. ¿Cree que la entendió del todo? No se preocupe, muy pocos la conocen en profundidad.

No lo abrumaron con ecuaciones y fue tan sutil que escuchó muy pocas veces la palabra “relatividad”. Podría decirme que, en realidad, el episodio se trató de muchas otras cosas. Cierto: muchas otras cosas necesarias para plantear las ideas de la relatividad general, que es, a final de cuentas, la teoría que somete al Universo a una ley una y mil veces confirmada e inquebrantable –hasta donde sabemos: la gravedad.

Dice Sábato:

Entender es relacionar, encontrar la unidad bajo la diversidad. Un acto de inteligencia es darse cuenta de que la caída de una manzana y el movimiento de la Luna, que no cae, están regidos por la misma ley.

Llevar esa ley, desde que fue enunciada como una acción a distancia que explicaba la caída de los cuerpos y los movimientos de los planetas, hasta la tiranía que amarra a todos los cuerpos en la curvatura del tejido del espacio-tiempo, fue una tarea titánica con muchos años y muchas mentes detrás. Alguien tuvo que atar cabos, notar que la velocidad de la luz no es infinita y que le toma tiempo alcanzarnos. Que al observar estrellas o galaxias lejanas vemos su pasado y no tenemos información alguna de su presente. Que estamos confinados a un presente propio que experimentamos a través de la información -siempre atrasada, muchísimo o casi nada- que recibimos del entorno lejano o cercano. Alguien tuvo que descubrir que la luz era mucho más que el reducido espectro visible a nuestros ojos y para eso intervino la óptica, la teoría electromagnética –que surgió de unificar siglos de conocimientos dispersos sobre la electricidad y el magnetismo-, la astronomía, el estudio de la radiactividad, etc. Alguien tuvo que darse cuenta de que el Sol y todos los astros que vemos se mueven. Alguien tuvo que imaginar descomunales estrellas oscuras causantes de las órbitas inexplicables de objetos masivos en torno a “nada”. Fue necesario llevar el concepto matemático de “campo” a la física para representar las interacciones de la naturaleza e iluminar el camino hacia su unificación.

Eventualmente, una persona encontró unidad bajo esta diversidad de fenómenos. Einstein sintetizó un gran cúmulo de conocimientos y observaciones para producir una teoría consistente con ellos. Imaginó lo inimaginable: la luz tiene una velocidad constante en el vacío, sin importar el movimiento de la fuente o del receptor y es la velocidad límite en el Universo. Desechó los conceptos de espacio y tiempo absolutos y separados, para unirlos en una sola entidad: el espacio-tiempo. Surgió una teoría donde ocurren cosas fantásticas, totalmente ajenas a nuestra experiencia, pero comprobadas una y otra vez.

La gravedad fue explicada y abarcó fenómenos problemáticos como la extraña órbita de Mercurio. Se reveló como una ley tan implacable que “hasta la luz se inclina ante ella”. Y ese extraño Universo gobernado por la gravedad, es en el que usted y yo vivimos.

La relatividad general predice los agujeros negros, esas misteriosas “estrellas oscuras” capaces de hacer bailar el contenido de galaxias enteras a su alrededor. Además, es útil: mientras más general es una ley, por ininteligible que se vuelva, abarca una mayor cantidad de fenómenos, por lo tanto, a su tiempo, tendrá una mayor cantidad de aplicaciones. Y sigue siendo hoy un campo fértil de investigación. Todavía se están calculando soluciones a las ecuaciones de Einstein junto con sus asombrosas implicaciones, las excitantes posibilidades de lo desconocido: ¿qué pasaría si se “atraviesa” un agujero negro?, ¿podríamos aparecer en otro punto del espacio-tiempo, esquivando la ley de la velocidad límite?, ¿existen otros universos con otras leyes?, ¿es posible viajar en el tiempo, atrapar el pasado, mirar el futuro?

La búsqueda de las leyes que rigen el Universo, “las que no varían de cultura a cultura ni de época en época”, el viaje de las mentes, el enriquecimiento de las observaciones, la belleza de las galaxias, de la luz, la entrega de la tarea a la siguiente generación, no constituyen un análisis frío y deprimente, no son ajenos a la emoción ni a nuestros sentimientos. Son el hilo que nos hace parte de una de las más grandes empresas humanas: la ciencia. Son poéticas. Son parte fundamental de lo que nos hace humanos: la necesidad de saber, de comprender, de explicar y trascender.

Gravity, canción de la banda A Perfect Circle, del álbum Thirteenth Step (2003).

 

Más cerca* abril 1, 2014

Posted by beatriz in Ciencia y Sociedad, Divulgación de las Ciencias.
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Originalmente publicado el 27 de marzo de 2014 en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/mas-cerca

El miedo es un mecanismo de supervivencia tanto menos determinante cuanto mejores sean nuestras herramientas de protección. Tememos a lo desconocido, a la oscuridad, a la enfermedad, al dolor. Le tememos a la muerte.

Había tanto que no podíamos explicar cuando comenzamos a observar nuestro entorno. Leíamos el cielo porque no había otra cosa, era el único referente para medir el tiempo y para orientarnos. Su predictibilidad era equivalente de calma. Las inexplicables alteraciones en la naturaleza nos trajeron temor y las convertimos en presagios. Poblamos el mundo de mensajeros de dicha o desgracia, de seres malignos que obraban a través de lo inexplicable y nos refugiamos en seres benignos que nos dieran protección.

Con conocimiento le hemos ido ganando terreno al miedo y vivimos más tranquilos. Dominamos el fuego. Aprendimos a prevenir y curar muchas enfermedades, a iluminar donde nuestros ojos no ven. Comprendemos los fenómenos celestes y los geológicos, sabemos cómo prevenir ciertos desastres, sabemos que hay fenómenos a los que, más que temor hay que tenerles respeto. Inventamos la ciencia: ya no tememos a lo desconocido, lo abrazamos. Dedicamos vidas enteras a descifrarlo y disfrutamos los beneficios.

El tercer episodio de Cosmos nos cuenta la historia de Halley, Newton y Hooke, por demás humana sin importar la brillantez de sus mentes: tres genios prolíficos, uno con corazón de oro, uno antisocial y el otro mezquino. Sabíamos, por Copérnico y Kepler, “cómo” se mueven los planetas alrededor del Sol, pero seguíamos buscando el “por qué”. Newton dio con la causa y le arrancó a la naturaleza el secreto de la gravedad. Halley puso a prueba el modelo y predijo la trayectoria de un cometa que nunca vio y que lleva su nombre. La comunidad científica esperó pacientemente y vio cumplirse la profecía de Halley. Las profecías basadas en modelos bien fundamentados se cumplen, si no, se mejora el modelo. Aun así, hay insensatos que prefieren creer profecías sin fundamento alguno, inventadas por charlatanes para beneficiarse con el temor de otros.

La ciencia continúa escarbando los secretos mejor guardados de la naturaleza, entre ellos, el origen del Universo. Creíamos que el Universo era estático hasta que descubrimos que las galaxias se alejan unas de otras a gran velocidad. Si retrocedemos al pasado, la conclusión lógica es que antes estaban más cerca y que, en algún momento –hace casi 14,000 millones de años–, todo el Universo estuvo concentrado en un solo punto. Una gran explosión generó el espacio-tiempo que continúa expandiéndose. Lo llamaron Big Bang. El prometedor modelo necesitaba más evidencia y mejoras para explicar los “detalles” de la formación del Universo. Predecía que, cuando el Universo tenía 380,000 años, se enfrió lo suficiente para separar la luz de la materia con la que coexistía en un oscuro abrazo cuántico. La luz habría escapado en un destello, la radiación cósmica de fondo, que viajaría por todo el Universo y sería el horizonte del Universo visible, pero nadie lo había detectado. En 1965 lo encontramos y pudimos ver más de cerca el “principio”.

Para fabricar nuestro Universo, se requería una expansión inicial violenta, más rápida que la velocidad de la luz, que le provocara las “estrías” que dieron origen a todo lo que conocemos. Se llamó inflación y varias teorías proponen cómo ocurrió. Mirando más de cerca y con mejores instrumentos, detectamos esas “estrías” en la radiación de fondo, en 1992. Se afinaron los modelos y se predijo que, durante la inflación, se produjeron ondas en el espacio-tiempo que dejaron un patrón de polarización en la luz de la radiación de fondo. El 17 de marzo de 2014 recibimos la noticia de que el patrón predicho fue detectado. Otra gran confirmación de que el modelo es muy sólido y la base para desechar todas las variantes de la teoría que no encajan con esta evidencia.

Encontramos el grito del Universo recién nacido, una señal del principio de los tiempos que nos llevó 40 órdenes de magnitud más cerca del secreto del origen. Lo ocurrido antes de los 380,000 años del universo era hermosa matemática esperando la evidencia. ¡Hoy podemos ver hasta 10^  ̶ 35 segundos! Lo que falta ver es la millonésima de la millonésima de la millonésima de la millonésima de la millonésima de la cienmilésima parte del primer segundo. Y no tememos a lo que hay de desconocido en ese instante inimaginablemente pequeño, seguiremos acercándonos. Celebramos otro triunfo de la ciencia, del método, de esta grandiosa empresa colectiva, la recompensa al trabajo de una vida. Es hermoso.

En lugar de alimentar miedos, alimentamos sueños. Soñamos con acercarnos a hermosos secretos, tocarlos y regalarlos como nuestra herencia más valiosa.

Closer, canción de la banda Nine Inch Nails, del álbum The Downward Spiral (1994)

Oda de Edmond Halley a Isaac Newton marzo 26, 2014

Posted by Enrique in Divulgación de las Ciencias.
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principia

Tanta era la admiración de Halley hacia el trabajo de Newton que le dedicó unas líneas de su inspiración. Originalmente escrita en latín, apareció en la primera edición del Principia Mathematica en 1687.

Pueden leer el texto completo aquí. Cito el último párrafo que dice:

Then ye who now on heavenly nectar fare,
Come celebrate with me in song the name
Of Newton, to the Muses dear; for he
Unlocked the hidden treasuries of Truth:
So richly through his mind had Phoebus cast
The radiance of his own divinity.
Nearer the gods no mortal may approach.

En el enlace se dice que la oda se publicó con el título original:

To the illustrious man Isaac Newton
and this his work done in fields of the mathematics and physics,
a signal disctinction of our time and race.

Su trabajo y el tantos otros científicos será por siempre la distinción de nuestro tiempo y raza.

¡Es evolución, baby!* marzo 25, 2014

Posted by beatriz in Biología, Ciencia y Sociedad, Divulgación de las Ciencias.
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Originalmente publicado el 20 de marzo en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/es-evolucion-baby

Todos saben que caerán si saltan por la ventana y que una bombilla emitirá luz al encenderla. Pero si digo que la vida en la Tierra ha evolucionado desde su aparición hace unos cuatro mil millones de años, no todo el mundo estará de acuerdo.

Sin embargo, la teoría de la evolución está tan sustentada por evidencia como la teoría electromagnética y la gravedad: son hechos científicos. La diferencia es que los objetos caen en segundos, los planetas giran alrededor del Sol en tiempos relativamente cortos y las aplicaciones de la teoría electromagnética están al alcance de la mano. En cambio, no vemos la evolución “pasar” en lo que dura nuestra vida. La evolución toma mucho tiempo, no ocurre en un individuo o en un par de generaciones; le ocurre a las poblaciones luego de varias generaciones. El segundo episodio de Cosmos lo explica muy bien, definitivamente lo recomiendo. La complejidad de la biodiversidad, todas sus gracias –y también sus torpezas- tienen una explicación: ¡es la evolución!

Los humanos hemos practicado la selección artificial desde que nos volvimos sedentarios. Somos expertos en acelerar ese proceso natural que algunos se empeñan en negar.  Domesticamos y modificamos cientos de especies para nuestro beneficio, con métodos cada vez más sofisticados.

La certeza de la evolución no implica que sea natural que destruyamos otros seres y agotemos los recursos por creernos la especie dominante (pregunte a los millones de especies microscópicas su opinión sobre nuestros delirios de grandeza). Al contrario, despierta un sentimiento de unidad con toda la vida que nos rodea. Todos estamos conectados y pertenecemos a una misma familia. Compartimos un mismo origen, un ancestro común. Tanto, que nuestro ADN guarda similitudes de más del 10% con la levadura, más del 20% con las uvas, más del 40% con la mosca de la fruta, casi el 90% con un ratón. Compartimos más del 90% con los chimpancés.

Si había que sentirse parte de un todo, la ciencia dice por dónde, con evidencia y sin necesidad de fumadas new age. El lazo que nos une no es un lazo sobrenatural moldeado al gusto de cada quien. Es el legado de lo que la vida ha aprendido hasta hoy: no lo que nosotros hemos aprendido, sino lo que la vida ha aprendido. Es tan antiguo y tan fuerte que no ha sido roto en cuatro mil millones de años de registrar y transmitir lo que sobrevive a través del tiempo, lo que funciona, lo que nos hace fuertes, lo que nos moldeó así. De generación en generación, transmitimos el mensaje sagrado de la vida, de la supervivencia. Y el aporte de cada organismo, el “error”, la variación, es bienvenido para experimentar nuevas posibilidades. Ha sido el proceso generador de la vasta biodiversidad que habita la Tierra, bellamente representada por la metáfora de un gran árbol con un tronco y miles de ramificaciones. Cada experimento tardará generaciones en mostrar sus resultados. Es un secreto revelado parcialmente: la biología y la genética nos acercan a lo que puede conocerse: los mecanismos que nos llevaron ser lo que somos hoy. Sólo el futuro revelará la parte que aún está en construcción con cada transmisión de ADN ejecutada por cada ser vivo. No la conoceremos nosotros.

Comprender la evolución no es una experiencia de arrogancia, sino de humildad y de unidad. Es un llamado a dejarnos de estupideces como pensar que toda la vida está a nuestro servicio, que estamos aquí para multiplicarnos y dominar la Tierra; creer que hay razas superiores, que las mujeres son inferiores, que el que se ve u opina diferente es menos. Es un llamado a revisar el concepto de otredad. ¡No es posible obviar que compartimos aproximadamente un 99.9% de ADN con cualquier otro ser humano! Sin embargo, lejos de ofrecer una visión masificadora de la vida, nos otorga evidencia de que cada uno de nosotros es único e irrepetible. Ese 0.1% hace la diferencia.

Hoy, sin acudir a otros recursos, por un momento siéntase único y a la vez parte de un todo donde comparte con cada cuerpo que existe la materia fabricada por las estrellas. Siéntase hijo directo de la química estelar, que se inició en la infancia del Universo hace más de diez mil millones de años. Siéntase receptor, vehículo y coautor del mensaje que dice cómo la vida ha llegado hasta aquí y hacia dónde se dirigirá, qué formas tomará. Siéntase grande y pequeño al mismo tiempo. Y siéntase afortunado por vivir en una época en que es posible saberlo.

It’s evolution, baby, tomado de la canción Do the evolution, de la banda Pearl Jam del álbum Yield (1998).

Elecciones de Rector ¿será que ahora sí? marzo 25, 2014

Posted by Enrique in Ciencia y Sociedad.
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Recuerdo bien el 2010. Fue el último año de mi postgrado en Estados Unidos. También fue el año en que Estuardo Galvez ganó su reelección como rector de la Universidad de San Carlos. Cuatro años han pasado desde entonces. Cuatro años durante los cuales —para varios de mis colegas y yo— no pasó nada.

Fue durante el primer período de Galvez que dos profesores de la Facultad de Ingeniería de la USAC —Rodolfo Samayoa y Edgar Cifuentes— lograron que el Consejo Superior Universitario conociera y aprobara la creación de una escuela no facultativa* de ciencias físicas y matemáticas. La escuela existía en el papel. Hasta fuimos a celebrar. Nos habían dado un Porsche. El problema fue que nos lo dieron sin gasolina: faltaba todavía que se aprobara el presupuesto para su debido funcionamiento.

En eso llegó la época electoral. Temíamos que al cambiar de rector se engavetara el proyecto. Ocurrió también en 1968, año en el que se había propuesto la creación de una Facultad de Ciencias. La evidencia de la ausencia nos dice que tal proyecto nunca prosperó (por razones que desconozco).

Los resultados de aquella elección nos daban a Galvez en el puesto de rector por otros cuatro años. Queríamos creer que era lo mejor para nuestra causa: siendo el mismo rector, ya sabe del proyecto. La continuidad no se romperá y podremos seguir en la misma línea de acción para que aprueben el presupuesto.

El proyecto continuó y casi le ponen gasolina al tanque de nuestro Porsche. Sin embargo, utilizando nuestra metáfora, no nos querían llenar el tanque. Lo que nos ofrecían no alcanzaba para competir en la carrera, nos habríamos quedado con el carro varado antes de entrar a la meta. Las cosas se enfriaron. La roca fundida que avanzaba lenta y viscozamente se petrificó.

Estamos en el 2014. Ayer hubo elecciones para rector en la USAC. El virtual ganador es Carlos Alvarado, quien ocupa actualmente el puesto de secretario general. El rescoldo de la lava petrificada nos asegura que tenemos buena oportunidad de encender la llama otra vez.

Puede ser que esta vez sí tengamos gasolina para el Porsche. Somos escépticos pero también somos necios.

Ojalá no esté citando este mismísimo post dentro de cuatro años.

_________________________
*Una escuela no facultativa es como una facultad, pero no tiene representación ante el consejo superior universitario; entre otras diferencias.

inversion-ciencia

El bueno, el malo y el feo* marzo 18, 2014

Posted by beatriz in Ciencia y Sociedad, Divulgación de las Ciencias, Uncategorized.
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Originalmente publicado el 14 de marzo de 2014 en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/el-bueno-el-malo-y-el-feo

Alrededor del estreno de Cosmos:

Lo bueno. El episodio habla por sí solo; el que quiera saber, que lo mire. Hermosas imágenes y animaciones nos ilustran lo que sabemos del Universo, hasta ahora.

La serie comenzó en el mismo sitio que la original, con las mismas palabras y con un nuevo rostro. La nave de la imaginación reaparece como el instrumento de exploración del espacio-tiempo; así como el calendario cósmico, herramienta para dimensionar la escala de tiempo cósmica y lo efímero de nuestra presencia en la historia del Universo. Llevamos poco tiempo aquí, y aún menos estudiando. Sin embargo, ¡cuánto hemos aprendido!

Como buenos científicos, tienen el cuidado de dejar claro dónde acaba lo que ya está confirmado y dónde comienza la especulación: “Muchos de nosotros pensamos…”, “Aún no sabemos…”

Sagan afirmaba –con razón–, que para el avance de la ciencia se necesita una combinación de escepticismo y apertura a nuevas ideas. Así, Cosmos nos muestra el proceso de hacer ciencia, que permanece contante mientras el conocimiento aumenta gracias a él. Y el asombro. ¡Somos tan insignificantes y a la vez tan especiales!

La historia de la biblioteca de Alejandría y el cruel asesinato de Hypatia fue sustituida por la de Giordano Bruno. Muestran cómo la intolerancia ha contribuido a estancar el conocimiento. Son hechos históricos innegables y los humanos hemos aprendido –espero.

Lo malo. Criticaron que tuviera comerciales. Seguramente molesta verla con interrupciones, pero es el precio que se paga para hacerla llegar a más personas. La traducción al español me pareció buena, pero el audio del doblaje estaba desfasado. También hubo personas que se quejaron por la elección del personaje de Giordano Bruno, por no ser científico. Pero deGrasse dice justamente eso, que no es científico. Lo que se subraya de su historia es la apertura a nuevas ideas y cómo esto no siempre es bien recibido.

Lo feo. Nunca falta la intervención de los fundamentalistas religiosos que jamás estarán contentos con nada científico. No son los religiosos en general, sino los fanáticos que se aferran a ideas que hace mucho fueron descartadas a la luz de la evidencia experimental. Tonterías como que la Tierra tiene pocos milenios de existir y que los fósiles fueron puestos en la Tierra por dios para confundirnos. El creacionismo de las religiones no se ve amenazado por las teorías vigentes en cuanto al origen y estructura del universo –la Iglesia católica ya lo admitió–, porque la idea de un creador no tiene nada que ver con las explicaciones ofrecidas por el Big Bang o la evolución de las especies por selección natural. Para empezar, no es ciencia. Para terminar, la ciencia no se mete a discutir si alguien creó algo o no; sólo explica los procesos que llevaron al Universo a ser lo que es, de acuerdo con lo que la evidencia sugiere.

Las creencias son cuestión de cada quien y aun así pienso que deben pasar por el filtro de la razón. Cuando de fe se trata, nunca faltan afirmaciones que son difícilísimas de confirmar o refutar. Todas las religiones las tienen y, por lo tanto, no tienen nada que temerle a la ciencia –encontrarán cómo enaltecer a su dios y vivir en paz a través del conocimiento de las maravillas de la naturaleza. Cuando llegue el momento en que puedan ponerse a prueba, si se confirman, enhorabuena; si no, demostrarán su sabiduría modificando su sistema de creencias. El problema son los fundamentalistas cuyas afirmaciones no pasan la prueba de la evidencia. Estos sí tienen mucho que temer y de ahí surge el autoritarismo, la imposición, la condena. Sin embargo, quién querría profesar una fe con pilares tan débiles. Sólo alguien que no sabe que lo son. No es tan difícil de detectar: su marca registrada es el temor a la razón, al cuestionamiento, el ataque al que piense distinto. Cualquier corriente –religiosa, política o lo que sea– que exhiba esas características es sospechosa y merece ser analizada en profundidad antes de enlistarse en sus filas.

Disfrutar Cosmos no le hará daño a nadie, religioso o no. Enriquecerá su vida. Mi invitación sigue en pie, junto a la de Sagan:

El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y lo que alguna vez será (…) Sabemos que nos acercamos al mayor de los misterios.

y la de deGrasse:

Comprueba las ideas con experimentos y observación, construye sobre las ideas que pasen la prueba y desecha las que no. Sigue la evidencia a donde sea que te lleve y cuestiónalo todo. Acepta estos términos y el cosmos es tuyo.

The good, the bad and the ugly, tema principal de la banda sonora de la película homónima, compuesto por Ennio Morricone (1966).

Leyendo entre líneas “Momentos estelares de la ciencia” de Isaac Asimov marzo 10, 2014

Posted by Enrique in Libros.
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Un libro pequeño, de lectura ligera pero contenido de peso. Así es Momentos estelares de la ciencia de Isaac Asimov. Con una selección de grandes personajes y sus descubrimientos, Asimov nos lleva por la historia de los hitos que sustentan mucha de la ciencia y tecnología que hoy hace nuestra vida más suave, más larga y más plena.

No voy a resumir lo que dice el libro. Más bien quiero resaltar algunos aspectos que se quedan entre líneas, lecciones que debemos aprender de la historia de la ciencia.

La aventura de mapear tierras desconocidas

El terreno de lo desconocido se pudo explorar desde que Galileo apuntó el telescopio hacia el cielo y Anton van Leeuwenhoek tuvo la pericia en la construcción y uso del microscopio. Estos dos instrumentos nos ayudan a ver más lejos. El primero hacia las distancias infinitamente grandes del cosmos y el segundo, hacia las distancias infinitamente pequeñas del micro cosmos.

Todo lo que sucede en nuestra experiencia cotidiana tiene conexiones inimaginables con estos dos dominios. Al tomarlos conjuntamente, la física del siglo XX nos ha dado —por primera vez en la historia de la humanidad— un relato coherente sobre las más básicas leyes naturales. Nada de lo que sucede a la escala de la percepción de nuestros sentidos escapa ninguna de esas leyes. La ciencia es la luz que ha disipado los fantasmas y demonios que asediaban a la humanidad (parafraseando a Carl Sagan). No más asustarse por los truenos porque no son la furia de los dioses, tampoco por las plagas porque no son castigos de las deidades, mucho menos las desgracias personales porque no son castigos de vidas pasadas. Para la persona culta, estos son tiempos grandiosos. Nunca antes habíamos tenido tanta libertad y seguridad en nuestras manos.

Veamos algunos pasajes del libro.

Confianza en el entendimiento humano

[L]a máxima importancia de Newton para el avance de la ciencia puede que sea de orden psicológico. La reputación de los antiguos filósofos y sabios griegos se había resquebrajado malamente con los descubrimientos hechos por las figuras modernas como Galileo y Harvey [descubridor de la circulación sanguínea]. Pero aun así los científicos europeos seguían teniendo una especie de sentimiento de inferioridad.
Entonces llegó Newton. Sus teorías gravitatorias inauguraron una visión del universo que era más grande y más grandiosa de lo que Aristóteles hubiese podido soñar. Su elegante sistema de la mecánica celeste puso los cielos al alcance de la inteligencia del hombre y demostró que los cuerpos celestes más remotos obedecían exactamente las mismas leyes que el objeto mundano más pequeño.

Somos pequeños comparados con el cosmos. La astronomía nos enseña humildad. A pesar de nuestra pequeñez, el esfuerzo humano colectivo por querer entender y saber más nos hace grandes. Si de algo podemos estar orgullosos es de haber descifrado porciones significativas de los inquietantes acertijos de nuestros orígenes y nuestra conexión al resto del universo. Desde cualquier ángulo que se vea es una hazaña impresionante para una especie de primates bípedos que vive en un planeta promedio, alrededor de una estrella promedio.

El avance tecnológico se traduce en ventaja económica

Inglaterra estaba por aquella época falta de carbón vegetal que sirviera de combustible: había esquilmado sus bosques, y la madera que quedaba tenía que reservarla para la flota naval. La única alternativa era el carbón, pero las filtraciones de agua dificultaban mucho la explotación de las minas. La máquina de vapor de [James] Watt bombeaba eficientemente el agua al exterior y permitía así extraer grandes cantidades de carbón a bajo precio. La combustión del carbón producía vapor y el vapor engendraba potencia. ¡Había comenzado la Revolución Industrial!

No nos preguntemos por qué Inglaterra es una potencia mundial.

No es suficiente observar, hay que medir

[Antoine-Laurent] Lavoisier comprendió desde el principio la importancia que tenía la exactitud. Sus experimentos se caracterizaron por el cuidado en la pesadas, el detalle de las mediciones y la meticulosidad en sus notas.

Hoy día la misma rigurosidad se aprende en los cursos experimentales de ciencia. El cuaderno de laboratorio podrá no ser ya de papel, pero la rigurosidad de las mediciones y las bitácoras se guardan en los discos duros de las computadoras.

Poder cuantificar con precisión le da a la ciencia otra de sus distinciones únicas: puede hacer predicciones. Se puede planificar en base a fórmulas y ecuaciones. Podemos simular escenarios hipotéticos o situaciones futuras.

La curiosidad, la brújula del entendimiento

Todo empieza con observar algo raro, algo que se sale de la experiencia cotidiana. Seguir el camino de la curiosidad ha demostrado ser un método infalible para el entendimiento de las leyes de la Naturaleza.

En una conferencia, Michael Faraday mostraba un experimento: introducía un imán en una bobina conectada a un medidor de electricidad. Al mover el imán en una dirección la aguja del medidor se movía en una dirección, al mover el imán en dirección opuesta, la aguja hacía lo mismo. Curioso hecho.

Cuentan que después de la conferencia se acercó una dama al conferenciante y le dijo: “Pero señor Faraday, ¿para qué va a servir la electricidad establecida tan sólo durante una fracción de segundo por ese imán?” Y Michael Faraday, con toda cortesía, replicó: “Señora, ¿y para qué sirve un niño recién nacido?”

La clásica pregunta “¿para qué sirve?” es natural. Lo que debemos aprender de la historia es a ver más allá de lo inmediato. Reconocer que así como nuestro conocimiento es incompleto, también lo es nuestra capacidad de ver a largo plazo. Lo menos que podemos hacer ante todo descubrimiento nuevo es darle el beneficio de la duda; y aún mejor: caminar y dejar que otros caminen el sendero de la curiosidad. En el inmenso terreno del entendimiento de la Naturaleza no hay mapas ni caminos trazados, lo cual hace de la exploración científica una de las aventuras más emocionantes.

La ciencia da soluciones que funcionan

En 1854 [Louis Pasteur] fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lille, en el corazón de la región vinícola, donde empezó a estudiar los problemas de la importante industria de vinos francesa. El vino y la cerveza, al envejecer, se agriaban con facilidad, causando pérdidas de millones de francos. ¿No habría algún producto químico que añadido al vino, evitara esa catástrofe? Los viticultores y cerveceros acudieron al joven y famoso químico en busca de consejo.

La solución fue el proceso que ahora se denomina “pasteurización”, que consiste en calentar el líquido en cuestión para matar cualquier agente biológico que dañara el producto.

La lección: si quieren algo que funcione, consulten a su científico local. También pueden ir con una pitonisa a que les lea las cartas, o con un astrólogo para que les lea los astros. Si lo hacen no sólo habrán perdido su tiempo y su dinero sino que les habrán visto la cara de tontos.

Cada vez que disfruten de su vino o cerveza, recuerden que ese placer descansa sobre el trabajo e ingenio de Louis Pasteur, y todos los que han contribuido a la industria a lo largo de los años subsiguientes. ¡Salud!

Beneficios indirectos de la investigación científica: la economía (¡otra vez!)

En 1870 Francia y Prusia entraron en guerra.

Francia sufrió una derrota desastrosa. Los vencedores impusieron una indemnización de cinco mil millones de francos a los franceses, pensando dejar así indefenso al país durante años. Pero Francia dejó asombrado al mundo entero al pagar la indemnización en el plazo de un año: el dinero salió en parte de la labor de Louis Pasteur que había salvado y saneado varias industrias francesas vitales.

No tengo idea de cuánto han sido las pérdidas por la roya del café. Lo que sí sé es que el impacto se habría aminorado si nuestro país tuviera la confianza y la visión de invertir en investigación científica. Talvez habría habido un Louis Pasteur chapín, que fuera nuestro héroe moderno. Pero no. La visión de los empresarios es miope. Seguirán azotando al caballo para que siga caminando. El caballo enferma y no lo tratan. Eventualmente el animal morirá y tendrán la audacia de preguntar por qué se murió.

Valores que caracterizan a la ciencia: que prevalezca la verdad

En el año 1900, tres científicos convergieron en una encrucijada de la investigación cada uno de ellos; sin previo conocimiento de la labor de los otros dos, habían hallado las reglas que gobiernan la herencia de caracteres físicos por los seres vivos. Los tres hombres eran Hugo de Vries, holandés; Carl Correns, alemán, y Erich Tschermak, austrohúngaro.
Los tres se aprestaron a anunciar el mundo su descubrimiento, mas no sin hojear antes diversas publicaciones científicas y comprobar si había trabajos anteriores en ese campo. Su asombro fue mayúsculo cuando encontraron un increíble artículo de un tal Gregor Johann Mendel, en un ejemplar de una oscura publicación de hacia treinta y cinco años. Mendel había observado en 1865 todos los fenómenos que los tres científicos se disponían a exponer en 1900.
Los tres tomaron la misma decisión, y con una honradez que es una de las glorias de la historia científica, abandonaron toda pretensión de originalidad y llamaron la atención sobre el descubrimiento de Mendel. Los tres se limitaron a exponer su labor como mera confirmación.

Ya sé que también hay ejemplos de los contrario. No se molesten en mencionarlos. La ciencia es hecha por humanos. No es inmune a los vicios de las personas. Sin embargo, si la búsqueda de la verdad no fuera meta y fin respetados por la comunidad científica, la ciencia no tendría la gloria de su alcance, poder y validez.

¿Por qué otros países nos llevan ventaja?

Paul Ehrlich nació en Alemania. Contribuyó con su trabajo a encontrar una cura contra la difteria.

El gobierno alemán, impresionado por la antitoxina diftérica, inauguró en 1896 un instituto para la investigación del suero y nombró director a Ehrlich.

Resulta ser una ironía el cambiar “alemán” por “guatemalteco” en el contexto apropiado. De nuevo, no nos preguntemos por qué Alemania es potencia mundial.

Lo único que cuenta es la evidencia

Es ampliamente conocido el trabajo de Charles Darwin como el autor del libro Sobre el origen de las especies a través de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida o simplemente El origen de las especies, como se le conoce comúnmente. Más allá de proponer el mecanismo de evolución por selección natural, encontramos otro detalle:

“…Darwin presentó una cantidad ingente de pruebas y razonamientos lógicos que respaldaban la teoría de la selección natural.

En ciencia, no basta con decir algo, hay que demostrarlo. Si no hay evidencia, lo que se dice no tiene peso y puede ser desechado inmediatamente.

La ciencia es parte de la cultura

Al llegar a este punto es difícil dejar de pensar en la correlación entre desarrollo e investigación científica. Los ejemplos y la evidencia afloran por todas partes. Con la cantidad de consecuencias derivadas de la ciencia, ¿cómo es que nos damos el lujo de privar a nuestra sociedad de esa parte de la cultura? ¿Cómo es que ninguna universidad nacional tenga una falcultad de ciencias?

Las respuestas escapan mi entendimiento. Pero lo que no escapa a la evidencia es que su ausencia se nota: somos un sociedad pobre, violenta y corrupta. Aquí debería empezar nuestra apuesta por la ciencia. La apuesta por la cultura y la educación.

A través del Universo*: Cosmos marzo 7, 2014

Posted by beatriz in Ciencia y Sociedad, Divulgación de las Ciencias.
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Originalmente publicado el 6 de marzo de 2014 en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/traves-del-universo-cosmos

Me gustan las series, esas historias en capsulitas que se amarran para construir una historia más grande. Este formato televisivo es un éxito, tanto que su presupuesto ha aumentado mucho en los últimos años, o al menos eso concluyo al ver las locaciones, efectos especiales y calibre de actores que se encuentran en ellas. Las hay para todos los gustos: dramas de cualquier tipo, románticas, comedias, policíacas, de vampiros, de mutantes y cualquier otra cosa que se les ocurra.

A finales de los setentas, Carl Sagan, Ann Druyan y Steven Soter escribieron una serie de trece episodios donde se hablaba de ciencia –¡¿en qué cabeza cabe semejante cosa?! La llamaron “Cosmos: un viaje personal”. El narrador era el mismísimo Sagan. La serie, estrenada a principios de los ochentas, seguía el estilo de los documentales de la BBC de la época, pero fue innovadora en el uso de efectos especiales y la forma de narrar y abordar los temas científicos. Sagan trata, con extraordinaria claridad, una amplia gama de tópicos como cosmología, evolución, nuestro lugar en el universo, historia de la ciencia, vida en otros planetas, vida en la Tierra, astronomía, relatividad, etc.; enfatizando el escepticismo y la necesidad de evidencia para hacer afirmaciones. Más allá de un grueso volumen de información relacionada con el conocimiento acumulado por la humanidad, nos muestra un método, una forma de pensar, cuestionar y llegar a conclusiones.

Fue una empresa de comunicación de las ciencias sin precedentes, con un éxito mundial igualmente sin precedentes: ha sido vista en más de 60 países, por más de 500 millones de personas. El soundtrack se hizo famoso –y junto con él, Vangelis. En los noventas, seguía siendo una de las series más vistas en televisión pública en Estados Unidos. Ha sido doblada a varios idiomas, adaptada a otros formatos, retransmitida, digitalizada, etc. Sagan publicó un libro homónimo y grabó epílogos para varios episodios, con información acerca de descubrimientos recientes o nuevas discusiones relacionadas.

Más de 30 años después, la serie ha pasado por actualizaciones de forma, para ponerse al día con la tecnología, digamos. De fondo, muy pocas correcciones y algunas ampliaciones que dan cuenta de varios años de avances. Como señala Ann Druyan:

Qué tributo para Carl Sagan, un científico que fue atacado más de una vez por atreverse a especular, que aún después de veinte de los años más llenos de eventos en la historia de la ciencia, Cosmos requiere muy pocas revisiones y es en verdad rico en profecías.

Cosmos buscaba despertar nuestra curiosidad, admiración y respeto ante la magnificencia de la naturaleza, creando un encuentro con ella en un viaje a través del Universo. ¡Y vaya si es un viaje fantástico!

Tengo una leve idea de lo que se consume hoy en series porque a diestra y siniestra las vallas publicitarias anuncian los estrenos o las nuevas temporadas. Se habla de eso: la temporada final de Kdabra o la de Breaking Bad, el estreno de The Originals o Cumbia Ninja. Hay de todo y es cuestión de gustos. En mi caso, debo decir que me alegra ver que de una forma u otra se ha despertado la curiosidad científica gracias a series tipo CSI –con todo y su inexactitud científica–, the Big Bang Theory –que ha humanizado a los científicos y convirtió nerd en cool–, la mismísima Breaking Bad –que hizo interesante a un Químico, por la razón que sea.

Si esa curiosidad que nos despertaron es genuina, aquí viene lo bueno: dado que las nuevas audiencias necesitan nuevos formatos y que a la serie original ya no le caben más actualizaciones, Ann Druyan y Steven Soter nos traen “Cosmos: una odisea en el espacio-tiempo”. Una secuela de la serie original, narrada por el afamado astrofísico y divulgador Neil deGrasse Tyson, que se estrenará el domingo 9 de marzo en diez canales de las cadenas Fox y National Geographic Channel (En NatGeo Latinoamérica se estrenará el 11 de marzo).

Sólo he visto una valla en la calle anunciando el estreno. Pensarán que no nos interesa consumir ciencia. Pero como yo sé que sí hay interesados, los invito a disfrutar de este nuevo viaje a través del Universo desde los ojos de la ciencia. Les aseguro que valdrá la pena.

Across the Universe, canción de la banda The Beatles, del álbum Let It Be (1970).

Let’s talk about s… science* febrero 28, 2014

Posted by beatriz in Ciencia y Sociedad, Divulgación de las Ciencias.
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Originalmente publicado el 27 de febrero de 2014 en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/lets-talk-about-s-science

A propósito de la divulgación, cuenta Ernesto Sabato:

Alguien me pide una explicación de la teoría de Einstein. Con mucho entusiasmo, le hablo de tensores y geodésicas tetradimensionales.

–No he entendido una sola palabra –me dice, estupefacto.

Reflexiono unos instantes y luego, con menos entusiasmo, le doy una explicación menos técnica, conservando algunas geodésicas, pero haciendo intervenir aviadores y disparos de revólver.

–Ya entiendo casi todo –me dice mi amigo, con bastante alegría. Pero hay algo que todavía no entiendo: esas geodésicas, esas coordenadas…

Deprimido, me sumo en una larga concentración mental y termino por abandonar para siempre las geodésicas y las coordenadas; con verdadera ferocidad me dedico exclusivamente a aviadores que fuman mientras viajan con la velocidad de la luz, jefes de estación que disparan un revólver con la mano derecha y verifican tiempos con un cronómetro que tienen en la mano izquierda, trenes y campanas.

–Ahora sí, ¡ahora entiendo la relatividad! –exclama mi amigo con alegría.

–Sí –le respondo amargamente-, pero ahora no es más la relatividad.

Más claro, imposible. Es una de las grandes dificultades de la divulgación. Al comunicar la ciencia al público se corre el riesgo de simplificar las cosas al punto de transmitir una información deformada o incluso equivocada. Si a Sábato le daba depresión, a mí lo que me da es miedo. Le temo a la analogía vacía, mal utilizada o mal interpretada, que es un riesgo tanto mayor cuanto más superficial sea el conocimiento del tema por parte del divulgador. Uno debe ser respetuoso, tanto del conocimiento –que harto trabajo le ha costado a la humanidad–, como del interlocutor. Comunicar ciencia es una responsabilidad y sólo puede asumirse con humildad. Lamentablemente, hay “divulgadores” que no comparten esa humildad ni ese respeto. Por ejemplo, casi me infarto cuando un tipo habló de placas teutónicas en una conferencia para niños. ¿Error de pronunciación? No, estaba escrito tal cual en su presentación. Y ha participado en eventos al lado de gente especializada en ciencias como si tuviera igual preparación. Eso pasa cuando los organizadores no saben distinguir entre una persona competente y otra que no lo es. La falta de criterios mínimos hace que el hablado rimbombante prevalezca sobre el conocimiento real. Quizá esa vez el error fue inofensivo, pero no siempre lo es.

Entonces, preocupa que la divulgación caiga en manos equivocadas, que los medios tergiversen las publicaciones de los centros de investigación para producir titulares llamativos pero plagados de datos errados, preocupa la charlatanería.

Mi idea de la divulgación científica era la de un comunicador intencional y una audiencia consciente, independientemente de los recursos utilizados para compartir la información. Un artículo me hizo ver la estrechez de mi concepto. La comunicación de la ciencia ocurre de maneras mucho más diversas y con interlocutores que no necesariamente tienen intención o conciencia de ello. La hacen científicos, periodistas, activistas ambientales, visitadores médicos, representantes de farmacéuticas, publicistas, etc., por medio de libros, artículos, charlas TED, conferencias, transmisiones de radio, promociones de productos o tecnologías avanzadas, páginas de internet, lo que se le ocurra. Piense en esto cada vez que escuche o lea las palabras “científicamente comprobado”, o cuando vea gente con batas blancas en los anuncios de la televisión.

Somos consumidores de “información científica”. El vertiginoso avance científico y tecnológico puede hacer que para una persona común parezca algo misterioso, oculto, más respetable y creíble mientras menos se comprenda. Lo malo es que esto huele a dogma, a magia, y la ciencia dista mucho de eso. La ciencia no confunde, aclara. Hace la diferencia entre un consumidor incauto y uno con criterio para discernir entre un estafador con palabras raras vendiéndonos cualquier tontería y una información confiable. Es el detector de patrañas del que hablé varias columnas atrás.

Esto me confirma la importancia de hacer divulgación científica, a pesar de sus dificultades: por un lado, que los comunicadores acerquen la ciencia al público de forma responsable y, por el otro, que las personas se interesen por informarse. Citando a Sagan:

Es peligroso e imprudente para el ciudadano promedio permanecer ignorante acerca del calentamiento global, la disminución del ozono, la contaminación del aire, los desechos tóxicos y radiactivos, la lluvia ácida, la erosión del suelo, la deforestación tropical, el crecimiento exponencial de la población. Los trabajos y los salarios dependen mucho de la ciencia y la tecnología…

Para aprender ciencia tenemos que hablar de ella, en los espacios que surjan y en los que haga falta. Entonces, ¡hablemos de ciencia!

*Let’s talk about sex, canción de la banda Salt-n-Pepa del álbum Blacks’ Magic (1991).

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