Gravedad*

Originalmente publicado el 3 de abril en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/gravedad

Si vio el cuarto episodio de Cosmos, fue testigo de un esfuerzo creativo y millonario para hacerlo entrar en contacto con la relatividad general. ¿Cree que la entendió del todo? No se preocupe, muy pocos la conocen en profundidad.

No lo abrumaron con ecuaciones y fue tan sutil que escuchó muy pocas veces la palabra “relatividad”. Podría decirme que, en realidad, el episodio se trató de muchas otras cosas. Cierto: muchas otras cosas necesarias para plantear las ideas de la relatividad general, que es, a final de cuentas, la teoría que somete al Universo a una ley una y mil veces confirmada e inquebrantable –hasta donde sabemos: la gravedad.

Dice Sábato:

Entender es relacionar, encontrar la unidad bajo la diversidad. Un acto de inteligencia es darse cuenta de que la caída de una manzana y el movimiento de la Luna, que no cae, están regidos por la misma ley.

Llevar esa ley, desde que fue enunciada como una acción a distancia que explicaba la caída de los cuerpos y los movimientos de los planetas, hasta la tiranía que amarra a todos los cuerpos en la curvatura del tejido del espacio-tiempo, fue una tarea titánica con muchos años y muchas mentes detrás. Alguien tuvo que atar cabos, notar que la velocidad de la luz no es infinita y que le toma tiempo alcanzarnos. Que al observar estrellas o galaxias lejanas vemos su pasado y no tenemos información alguna de su presente. Que estamos confinados a un presente propio que experimentamos a través de la información -siempre atrasada, muchísimo o casi nada- que recibimos del entorno lejano o cercano. Alguien tuvo que descubrir que la luz era mucho más que el reducido espectro visible a nuestros ojos y para eso intervino la óptica, la teoría electromagnética –que surgió de unificar siglos de conocimientos dispersos sobre la electricidad y el magnetismo-, la astronomía, el estudio de la radiactividad, etc. Alguien tuvo que darse cuenta de que el Sol y todos los astros que vemos se mueven. Alguien tuvo que imaginar descomunales estrellas oscuras causantes de las órbitas inexplicables de objetos masivos en torno a “nada”. Fue necesario llevar el concepto matemático de “campo” a la física para representar las interacciones de la naturaleza e iluminar el camino hacia su unificación.

Eventualmente, una persona encontró unidad bajo esta diversidad de fenómenos. Einstein sintetizó un gran cúmulo de conocimientos y observaciones para producir una teoría consistente con ellos. Imaginó lo inimaginable: la luz tiene una velocidad constante en el vacío, sin importar el movimiento de la fuente o del receptor y es la velocidad límite en el Universo. Desechó los conceptos de espacio y tiempo absolutos y separados, para unirlos en una sola entidad: el espacio-tiempo. Surgió una teoría donde ocurren cosas fantásticas, totalmente ajenas a nuestra experiencia, pero comprobadas una y otra vez.

La gravedad fue explicada y abarcó fenómenos problemáticos como la extraña órbita de Mercurio. Se reveló como una ley tan implacable que “hasta la luz se inclina ante ella”. Y ese extraño Universo gobernado por la gravedad, es en el que usted y yo vivimos.

La relatividad general predice los agujeros negros, esas misteriosas “estrellas oscuras” capaces de hacer bailar el contenido de galaxias enteras a su alrededor. Además, es útil: mientras más general es una ley, por ininteligible que se vuelva, abarca una mayor cantidad de fenómenos, por lo tanto, a su tiempo, tendrá una mayor cantidad de aplicaciones. Y sigue siendo hoy un campo fértil de investigación. Todavía se están calculando soluciones a las ecuaciones de Einstein junto con sus asombrosas implicaciones, las excitantes posibilidades de lo desconocido: ¿qué pasaría si se “atraviesa” un agujero negro?, ¿podríamos aparecer en otro punto del espacio-tiempo, esquivando la ley de la velocidad límite?, ¿existen otros universos con otras leyes?, ¿es posible viajar en el tiempo, atrapar el pasado, mirar el futuro?

La búsqueda de las leyes que rigen el Universo, “las que no varían de cultura a cultura ni de época en época”, el viaje de las mentes, el enriquecimiento de las observaciones, la belleza de las galaxias, de la luz, la entrega de la tarea a la siguiente generación, no constituyen un análisis frío y deprimente, no son ajenos a la emoción ni a nuestros sentimientos. Son el hilo que nos hace parte de una de las más grandes empresas humanas: la ciencia. Son poéticas. Son parte fundamental de lo que nos hace humanos: la necesidad de saber, de comprender, de explicar y trascender.

Gravity, canción de la banda A Perfect Circle, del álbum Thirteenth Step (2003).

 

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