El bueno, el malo y el feo*

Originalmente publicado el 14 de marzo de 2014 en Plaza Pública: http://www.plazapublica.com.gt/content/el-bueno-el-malo-y-el-feo

Alrededor del estreno de Cosmos:

Lo bueno. El episodio habla por sí solo; el que quiera saber, que lo mire. Hermosas imágenes y animaciones nos ilustran lo que sabemos del Universo, hasta ahora.

La serie comenzó en el mismo sitio que la original, con las mismas palabras y con un nuevo rostro. La nave de la imaginación reaparece como el instrumento de exploración del espacio-tiempo; así como el calendario cósmico, herramienta para dimensionar la escala de tiempo cósmica y lo efímero de nuestra presencia en la historia del Universo. Llevamos poco tiempo aquí, y aún menos estudiando. Sin embargo, ¡cuánto hemos aprendido!

Como buenos científicos, tienen el cuidado de dejar claro dónde acaba lo que ya está confirmado y dónde comienza la especulación: “Muchos de nosotros pensamos…”, “Aún no sabemos…”

Sagan afirmaba –con razón–, que para el avance de la ciencia se necesita una combinación de escepticismo y apertura a nuevas ideas. Así, Cosmos nos muestra el proceso de hacer ciencia, que permanece contante mientras el conocimiento aumenta gracias a él. Y el asombro. ¡Somos tan insignificantes y a la vez tan especiales!

La historia de la biblioteca de Alejandría y el cruel asesinato de Hypatia fue sustituida por la de Giordano Bruno. Muestran cómo la intolerancia ha contribuido a estancar el conocimiento. Son hechos históricos innegables y los humanos hemos aprendido –espero.

Lo malo. Criticaron que tuviera comerciales. Seguramente molesta verla con interrupciones, pero es el precio que se paga para hacerla llegar a más personas. La traducción al español me pareció buena, pero el audio del doblaje estaba desfasado. También hubo personas que se quejaron por la elección del personaje de Giordano Bruno, por no ser científico. Pero deGrasse dice justamente eso, que no es científico. Lo que se subraya de su historia es la apertura a nuevas ideas y cómo esto no siempre es bien recibido.

Lo feo. Nunca falta la intervención de los fundamentalistas religiosos que jamás estarán contentos con nada científico. No son los religiosos en general, sino los fanáticos que se aferran a ideas que hace mucho fueron descartadas a la luz de la evidencia experimental. Tonterías como que la Tierra tiene pocos milenios de existir y que los fósiles fueron puestos en la Tierra por dios para confundirnos. El creacionismo de las religiones no se ve amenazado por las teorías vigentes en cuanto al origen y estructura del universo –la Iglesia católica ya lo admitió–, porque la idea de un creador no tiene nada que ver con las explicaciones ofrecidas por el Big Bang o la evolución de las especies por selección natural. Para empezar, no es ciencia. Para terminar, la ciencia no se mete a discutir si alguien creó algo o no; sólo explica los procesos que llevaron al Universo a ser lo que es, de acuerdo con lo que la evidencia sugiere.

Las creencias son cuestión de cada quien y aun así pienso que deben pasar por el filtro de la razón. Cuando de fe se trata, nunca faltan afirmaciones que son difícilísimas de confirmar o refutar. Todas las religiones las tienen y, por lo tanto, no tienen nada que temerle a la ciencia –encontrarán cómo enaltecer a su dios y vivir en paz a través del conocimiento de las maravillas de la naturaleza. Cuando llegue el momento en que puedan ponerse a prueba, si se confirman, enhorabuena; si no, demostrarán su sabiduría modificando su sistema de creencias. El problema son los fundamentalistas cuyas afirmaciones no pasan la prueba de la evidencia. Estos sí tienen mucho que temer y de ahí surge el autoritarismo, la imposición, la condena. Sin embargo, quién querría profesar una fe con pilares tan débiles. Sólo alguien que no sabe que lo son. No es tan difícil de detectar: su marca registrada es el temor a la razón, al cuestionamiento, el ataque al que piense distinto. Cualquier corriente –religiosa, política o lo que sea– que exhiba esas características es sospechosa y merece ser analizada en profundidad antes de enlistarse en sus filas.

Disfrutar Cosmos no le hará daño a nadie, religioso o no. Enriquecerá su vida. Mi invitación sigue en pie, junto a la de Sagan:

El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y lo que alguna vez será (…) Sabemos que nos acercamos al mayor de los misterios.

y la de deGrasse:

Comprueba las ideas con experimentos y observación, construye sobre las ideas que pasen la prueba y desecha las que no. Sigue la evidencia a donde sea que te lleve y cuestiónalo todo. Acepta estos términos y el cosmos es tuyo.

The good, the bad and the ugly, tema principal de la banda sonora de la película homónima, compuesto por Ennio Morricone (1966).

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