Leyendo entre líneas “Momentos estelares de la ciencia” de Isaac Asimov

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Un libro pequeño, de lectura ligera pero contenido de peso. Así es Momentos estelares de la ciencia de Isaac Asimov. Con una selección de grandes personajes y sus descubrimientos, Asimov nos lleva por la historia de los hitos que sustentan mucha de la ciencia y tecnología que hoy hace nuestra vida más suave, más larga y más plena.

No voy a resumir lo que dice el libro. Más bien quiero resaltar algunos aspectos que se quedan entre líneas, lecciones que debemos aprender de la historia de la ciencia.

La aventura de mapear tierras desconocidas

El terreno de lo desconocido se pudo explorar desde que Galileo apuntó el telescopio hacia el cielo y Anton van Leeuwenhoek tuvo la pericia en la construcción y uso del microscopio. Estos dos instrumentos nos ayudan a ver más lejos. El primero hacia las distancias infinitamente grandes del cosmos y el segundo, hacia las distancias infinitamente pequeñas del micro cosmos.

Todo lo que sucede en nuestra experiencia cotidiana tiene conexiones inimaginables con estos dos dominios. Al tomarlos conjuntamente, la física del siglo XX nos ha dado —por primera vez en la historia de la humanidad— un relato coherente sobre las más básicas leyes naturales. Nada de lo que sucede a la escala de la percepción de nuestros sentidos escapa ninguna de esas leyes. La ciencia es la luz que ha disipado los fantasmas y demonios que asediaban a la humanidad (parafraseando a Carl Sagan). No más asustarse por los truenos porque no son la furia de los dioses, tampoco por las plagas porque no son castigos de las deidades, mucho menos las desgracias personales porque no son castigos de vidas pasadas. Para la persona culta, estos son tiempos grandiosos. Nunca antes habíamos tenido tanta libertad y seguridad en nuestras manos.

Veamos algunos pasajes del libro.

Confianza en el entendimiento humano

[L]a máxima importancia de Newton para el avance de la ciencia puede que sea de orden psicológico. La reputación de los antiguos filósofos y sabios griegos se había resquebrajado malamente con los descubrimientos hechos por las figuras modernas como Galileo y Harvey [descubridor de la circulación sanguínea]. Pero aun así los científicos europeos seguían teniendo una especie de sentimiento de inferioridad.
Entonces llegó Newton. Sus teorías gravitatorias inauguraron una visión del universo que era más grande y más grandiosa de lo que Aristóteles hubiese podido soñar. Su elegante sistema de la mecánica celeste puso los cielos al alcance de la inteligencia del hombre y demostró que los cuerpos celestes más remotos obedecían exactamente las mismas leyes que el objeto mundano más pequeño.

Somos pequeños comparados con el cosmos. La astronomía nos enseña humildad. A pesar de nuestra pequeñez, el esfuerzo humano colectivo por querer entender y saber más nos hace grandes. Si de algo podemos estar orgullosos es de haber descifrado porciones significativas de los inquietantes acertijos de nuestros orígenes y nuestra conexión al resto del universo. Desde cualquier ángulo que se vea es una hazaña impresionante para una especie de primates bípedos que vive en un planeta promedio, alrededor de una estrella promedio.

El avance tecnológico se traduce en ventaja económica

Inglaterra estaba por aquella época falta de carbón vegetal que sirviera de combustible: había esquilmado sus bosques, y la madera que quedaba tenía que reservarla para la flota naval. La única alternativa era el carbón, pero las filtraciones de agua dificultaban mucho la explotación de las minas. La máquina de vapor de [James] Watt bombeaba eficientemente el agua al exterior y permitía así extraer grandes cantidades de carbón a bajo precio. La combustión del carbón producía vapor y el vapor engendraba potencia. ¡Había comenzado la Revolución Industrial!

No nos preguntemos por qué Inglaterra es una potencia mundial.

No es suficiente observar, hay que medir

[Antoine-Laurent] Lavoisier comprendió desde el principio la importancia que tenía la exactitud. Sus experimentos se caracterizaron por el cuidado en la pesadas, el detalle de las mediciones y la meticulosidad en sus notas.

Hoy día la misma rigurosidad se aprende en los cursos experimentales de ciencia. El cuaderno de laboratorio podrá no ser ya de papel, pero la rigurosidad de las mediciones y las bitácoras se guardan en los discos duros de las computadoras.

Poder cuantificar con precisión le da a la ciencia otra de sus distinciones únicas: puede hacer predicciones. Se puede planificar en base a fórmulas y ecuaciones. Podemos simular escenarios hipotéticos o situaciones futuras.

La curiosidad, la brújula del entendimiento

Todo empieza con observar algo raro, algo que se sale de la experiencia cotidiana. Seguir el camino de la curiosidad ha demostrado ser un método infalible para el entendimiento de las leyes de la Naturaleza.

En una conferencia, Michael Faraday mostraba un experimento: introducía un imán en una bobina conectada a un medidor de electricidad. Al mover el imán en una dirección la aguja del medidor se movía en una dirección, al mover el imán en dirección opuesta, la aguja hacía lo mismo. Curioso hecho.

Cuentan que después de la conferencia se acercó una dama al conferenciante y le dijo: “Pero señor Faraday, ¿para qué va a servir la electricidad establecida tan sólo durante una fracción de segundo por ese imán?” Y Michael Faraday, con toda cortesía, replicó: “Señora, ¿y para qué sirve un niño recién nacido?”

La clásica pregunta “¿para qué sirve?” es natural. Lo que debemos aprender de la historia es a ver más allá de lo inmediato. Reconocer que así como nuestro conocimiento es incompleto, también lo es nuestra capacidad de ver a largo plazo. Lo menos que podemos hacer ante todo descubrimiento nuevo es darle el beneficio de la duda; y aún mejor: caminar y dejar que otros caminen el sendero de la curiosidad. En el inmenso terreno del entendimiento de la Naturaleza no hay mapas ni caminos trazados, lo cual hace de la exploración científica una de las aventuras más emocionantes.

La ciencia da soluciones que funcionan

En 1854 [Louis Pasteur] fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lille, en el corazón de la región vinícola, donde empezó a estudiar los problemas de la importante industria de vinos francesa. El vino y la cerveza, al envejecer, se agriaban con facilidad, causando pérdidas de millones de francos. ¿No habría algún producto químico que añadido al vino, evitara esa catástrofe? Los viticultores y cerveceros acudieron al joven y famoso químico en busca de consejo.

La solución fue el proceso que ahora se denomina “pasteurización”, que consiste en calentar el líquido en cuestión para matar cualquier agente biológico que dañara el producto.

La lección: si quieren algo que funcione, consulten a su científico local. También pueden ir con una pitonisa a que les lea las cartas, o con un astrólogo para que les lea los astros. Si lo hacen no sólo habrán perdido su tiempo y su dinero sino que les habrán visto la cara de tontos.

Cada vez que disfruten de su vino o cerveza, recuerden que ese placer descansa sobre el trabajo e ingenio de Louis Pasteur, y todos los que han contribuido a la industria a lo largo de los años subsiguientes. ¡Salud!

Beneficios indirectos de la investigación científica: la economía (¡otra vez!)

En 1870 Francia y Prusia entraron en guerra.

Francia sufrió una derrota desastrosa. Los vencedores impusieron una indemnización de cinco mil millones de francos a los franceses, pensando dejar así indefenso al país durante años. Pero Francia dejó asombrado al mundo entero al pagar la indemnización en el plazo de un año: el dinero salió en parte de la labor de Louis Pasteur que había salvado y saneado varias industrias francesas vitales.

No tengo idea de cuánto han sido las pérdidas por la roya del café. Lo que sí sé es que el impacto se habría aminorado si nuestro país tuviera la confianza y la visión de invertir en investigación científica. Talvez habría habido un Louis Pasteur chapín, que fuera nuestro héroe moderno. Pero no. La visión de los empresarios es miope. Seguirán azotando al caballo para que siga caminando. El caballo enferma y no lo tratan. Eventualmente el animal morirá y tendrán la audacia de preguntar por qué se murió.

Valores que caracterizan a la ciencia: que prevalezca la verdad

En el año 1900, tres científicos convergieron en una encrucijada de la investigación cada uno de ellos; sin previo conocimiento de la labor de los otros dos, habían hallado las reglas que gobiernan la herencia de caracteres físicos por los seres vivos. Los tres hombres eran Hugo de Vries, holandés; Carl Correns, alemán, y Erich Tschermak, austrohúngaro.
Los tres se aprestaron a anunciar el mundo su descubrimiento, mas no sin hojear antes diversas publicaciones científicas y comprobar si había trabajos anteriores en ese campo. Su asombro fue mayúsculo cuando encontraron un increíble artículo de un tal Gregor Johann Mendel, en un ejemplar de una oscura publicación de hacia treinta y cinco años. Mendel había observado en 1865 todos los fenómenos que los tres científicos se disponían a exponer en 1900.
Los tres tomaron la misma decisión, y con una honradez que es una de las glorias de la historia científica, abandonaron toda pretensión de originalidad y llamaron la atención sobre el descubrimiento de Mendel. Los tres se limitaron a exponer su labor como mera confirmación.

Ya sé que también hay ejemplos de los contrario. No se molesten en mencionarlos. La ciencia es hecha por humanos. No es inmune a los vicios de las personas. Sin embargo, si la búsqueda de la verdad no fuera meta y fin respetados por la comunidad científica, la ciencia no tendría la gloria de su alcance, poder y validez.

¿Por qué otros países nos llevan ventaja?

Paul Ehrlich nació en Alemania. Contribuyó con su trabajo a encontrar una cura contra la difteria.

El gobierno alemán, impresionado por la antitoxina diftérica, inauguró en 1896 un instituto para la investigación del suero y nombró director a Ehrlich.

Resulta ser una ironía el cambiar “alemán” por “guatemalteco” en el contexto apropiado. De nuevo, no nos preguntemos por qué Alemania es potencia mundial.

Lo único que cuenta es la evidencia

Es ampliamente conocido el trabajo de Charles Darwin como el autor del libro Sobre el origen de las especies a través de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida o simplemente El origen de las especies, como se le conoce comúnmente. Más allá de proponer el mecanismo de evolución por selección natural, encontramos otro detalle:

“…Darwin presentó una cantidad ingente de pruebas y razonamientos lógicos que respaldaban la teoría de la selección natural.

En ciencia, no basta con decir algo, hay que demostrarlo. Si no hay evidencia, lo que se dice no tiene peso y puede ser desechado inmediatamente.

La ciencia es parte de la cultura

Al llegar a este punto es difícil dejar de pensar en la correlación entre desarrollo e investigación científica. Los ejemplos y la evidencia afloran por todas partes. Con la cantidad de consecuencias derivadas de la ciencia, ¿cómo es que nos damos el lujo de privar a nuestra sociedad de esa parte de la cultura? ¿Cómo es que ninguna universidad nacional tenga una falcultad de ciencias?

Las respuestas escapan mi entendimiento. Pero lo que no escapa a la evidencia es que su ausencia se nota: somos un sociedad pobre, violenta y corrupta. Aquí debería empezar nuestra apuesta por la ciencia. La apuesta por la cultura y la educación.

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