De la ciencia y otros demonios

Publicado originalmente en Plaza Pública http://www.plazapublica.com.gt/content/de-la-ciencia-y-otros-demonios

La SENACYT[1] inauguró el pasado lunes el Congreso Internacional Ciencia, Tecnología e Innovación, el cual, más allá de su nombre rimbombante, no es más que un híbrido producto de fusionar la Semana Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y CONVERCIENCIA. Tales actividades se realizaron anualmente del 2005 al 2012, organizadas en conferencias, talleres, foros y exposiciones en torno a ejes temáticos que cambiaban cada año.

La Semana Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación era un evento de divulgación para estudiantes de enseñanza media y público en general. CONVERCIENCIA promovía el encuentro entre la comunidad científica guatemalteca local y la radicada en el exterior. CONVERCIENCIA nació, en el 2005, centrada en las ciencias básicas. Ese año vimos con ilusión cómo se reconocía la importancia de las ciencias básicas como parte fundamental del desarrollo del  país. La matemática, la física, la química y la biología forman parte del esfuerzo por resolver los grandes problemas que parecen tan ajenos a dichas ciencias y que constituyen prioridades nacionales. Se discutió que, aunque nos sintiéramos tentados a favorecer primordialmente la investigación que produce resultados a corto plazo, las grandes contribuciones provienen de un arduo trabajo cuyo impacto no se verá sino a largo plazo. Con los años observamos, alarmados, cómo el asunto degeneraba en una actividad que redujo sistemáticamente la presencia de las ciencias básicas para dar lugar a otras temáticas de mayor “relevancia”, a pesar de los esfuerzos para tener una mayor participación. De esta cuenta, estábamos a la expectativa de cómo sería la propuesta del gobierno actual.

Celebro que hayan decidido mantener, de alguna u otra forma, la visibilidad de la ciencia, la tecnología y la innovación como caminos de desarrollo, porque bien podrían haberse volado la cosa de un plumazo. Sin embargo, en aras de hacer una crítica constructiva – por enésimo año consecutivo-, debo señalar que este congreso padece de los mismos males que sus predecesores:

1. El programa del evento cambia constantemente, así que nunca se sabe cuál es la última versión.

2. Las actividades suelen comenzar al menos quince minutos tarde, no por falta de público sino porque simplemente los organizadores no están listos.

3. Entre los expositores invitados se puede encontrar tanto a profesionales de alto nivel como a  personas sin formación relacionada con la temática, a quienes además se les colocan grados académicos inexistentes.

4. En lugar de que un conferencista invitado ofrezca una charla dentro de un tema, con frecuencia los organizadores le imponen incluso el título de la charla.

El congreso tuvo características propias en esta ocasión. Parecía más grande y lujoso; la exposición tuvo mucho más espacio y hubo una buena afluencia de gente. Los personajes de talla mundial que promovieron los eventos predecesores durante ocho años no fueron invitados. Esta vez, la presencia de la ciencia básica fue reducida al mínimo -mas no fue eliminada-, con participación en un solo foro acerca de la situación de las ciencias básicas en Guatemala y propuestas para su actualización. Al lado de esta reducción, tuvimos la aparición de la presencia militar en el evento, con stands para el ejército, la Presidencia, el Instituto Adolfo V. Hall, etc. y varios expositores con grado militar. Además, aparte de los temas de siempre, surgieron como de la nada aquéllos relacionados con tecnología y seguridad, el problema de las drogas, la agilización y transparencia en la administración pública, gobierno electrónico, entre otros[2].

Del programa, las conferencias, la exposición y el público, no puedo más que concluir que esta vez vi muy poca ciencia. Ésta parece haber sido aplastada por la “tecnología” y la “innovación” –porque en estas latitudes no entendemos que no pueden ser separadas-, o más bien por una idea bastante limitada que tenemos de ellas. Así, hubo intervención de múltiples instituciones que quizá mi cortedad de mente no me permite ver qué es lo que tienen que ver con la temática del congreso, y aplaudo entonces, con mayor razón, a mis colegas científicos que dedicaron dos horas a presentar el caso de la ciencia básica a quienes quisieron escucharlo. Debo reconocer que todavía existe el espacio y entonces reitero que, mientras exista, seguiremos tratando de transformarlo.


[1] Secretaría nacional de ciencia y tecnología

[2] Con los respectivos paneles de discusión, además de 2 stands para la Comisión de transparencia y gobierno electrónico, otro para la SECCATID, etc.

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