Primer Encuentro de Arqueoastronomía

La actividad bloguística ha sido escasa en los últimos días debido a múltiples razones, pero no por falta de cosas que contar. Espero ponerme al día pronto. Por el momento hablemos del Primer Encuentro de Arqueoastronomía que se llevó a cabo del 18 al 28 de junio recién pasado. El evento fue organizado por la Universidad del Valle de Guatemala y en él participaron arqueólogos y astrónomos locales e internacionales.

Previo a la serie de conferencias y talleres, los científicos participantes tuvimos la oportunidad única de visitar varios sitios arqueológicos: Tak’alik Ab’aj, Quiriguá, Tikal y Uaxactún. Durante cuatro días, profesionales de la arqueología y la astronomía tuvimos un intenso intercambio de conocimiento, ideas e información. Era absolutamente fantástico caminar por los diferentes lugares en la compañía de los arqueólogos. Cualquier pregunta que se me ocurriera era contestada con la simple acción de hablarle al arqueólogo que tenía a la par. Yo había ido a Tikal dos veces anteriormente y aunque uno es capaz de darse cuenta de la magnificencia del complejo, el escuchar de boca de un arqueólogo la historia y las circunstancias de cada monumento y estela agrega una dimensión extra a la experiencia. Lo más iluminador y admirable era la habilidad de los arqueólogos de interpretar los glifos en las estelas y contar la historia contenida en cada símbolo, las referencias al calendario, los gobernantes, conquistas, ascensiones al poder y conmemoraciones periódicas. Registros en piedra que han guardado la memoria de una civilización para ser contada en nuestros días.

El punto central del encuentro era la famosa referencia al 13 B’actun. Esa fecha que ha sido polemizada y utilizada por muchos para fijar y profetizar por enésima vez, el fin del mundo. Lo que me quedó claro después de participar en el encuentro es que no existe ninguna profecía maya apocalíptica. Tampoco es el fin del calendario maya. Es ingenuo pretender que la cuenta de los días tenga un final. Es como decir que nuestra civilización termina el 31 de diciembre, simplemente porque el calendario colgado en la pared ya no tiene más hojitas después de esa fecha.

El evento cerró con la presentación del descubrimiento de un panel con glifos mayas que contiene una referencia al 13 B’actun. El panel fue encontrado en el sitio arqueológico La Corona en Petén. Los periódicos nacionales cubrieron la noticia aquí, aquí, y aquí. La explicación más concisa y clara la da David Stuart, el mismo epigrafista que descifró el panel, en una entrada titulada Notes on a New Text from La Corona. Después de explicar la narración contenida en el panel y ponerla en contexto, la referencia al 13 B’actun resulta natural dentro del su marco político e histórico. Stuart explica (énfasis mío):

So why the reference to the year 2012? As is usual, the reason mostly has to do with the cosmological dimensions of ancient Maya politics and kingship. Calakmul’s king had only recently celebrated an important ending of 13 K’atun calendar cycle, in the year 692 (9.13.0.0.0), and in this text he is called a “13 K’atun lord.” The scribe has used this important ritual fact to project forward to when the next higher period of the Maya calendar will also reach 13 – a sacred Maya number — which will come on December 21, 2012 (13.0.0.0.0). There is no prediction involved; it is simply a literary device used by the scribe to place local political history in a larger cosmological framework.

Me gustaría pensar que eso tendría que poner fin al sensacionalismo que llena los vacíos de muchas personas que buscan un poco de emoción en la cotidianidad aburrida de sus vidas. Sin embargo, la experiencia nos muestra que no es así y que el alboroto apocalíptico maya pasará de moda el día 22 de diciembre de 2012.

El último punto que quiero resaltar es algo que siempre sucede en eventos de este tipo. Ahora tenemos nuevos amigos y nuevos contactos, el inicio de una vía de comunicación entre dos disciplinas se ha establecido y empezará a dar resultados pronto. Estén atentos a lo que suceda.

La conjunción entre arqueología y astronomía es una gran oportunidad para estudiantes y profesionales en nuestro país. Muchas veces añoramos tener la infraestructura que poseen otros países para desarrollar ciencia y no nos percatamos que aquí tenemos algo que ningún otro país posee. Es también la oportunidad de desarrollar no sólo ciencia sino nuestra propia identidad, explorando nuestro pasado con el conocimiento del presente, para lo cuál se hace necesaria —una vez más— la necesidad de apoyar la ciencia y la investigación en nuestro país.

Foto: Kristhell López

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