Escrito en roca. Por qué la Evolución es verdadera. Capítulo 2

Retomando mis lecturas atrasadas, comparto algunas de las ideas expuestas en el capítulo 2 del libro de Jerry Coyne “Why Evolution is True” (Por qué la Evolución es verdadera).

Este capítulo trata sobre la evidencia de la evolución que podemos apreciar en el record fósil. La formación de fósiles es simple pero requiere circunstancias especiales. El cuerpo del animal o planta tiene que llegar de alguna manera al agua, hundirse hasta el fondo y cubrirse de sedimento. Esto no sucede muy a menudo y es por eso que existe un mayor número de fósiles de organismos marinos. Por esta y otras razones, el record fósil está incompleto. Se estima que el número de especies que han vivido sobre el planeta está entre 17 millones y 4 mil millones. El número de especies fósiles que se han descubierto es de 250 mil. Por lo que tenemos evidencia fósil de solo 0.1 por ciento de todas las especies que han existido. Sin embargo es una buena cantidad para darnos una idea de cómo las especies evolucionaron y cómo surgieron diferencias entre grupos de organismos.

¿Qué tipo de hechos son considerados como evidencia de la evolución? A gran escala, al rastrear fósiles en los estratos del suelo, la evolución predice que las formas de vida más simples están en las rocas más antiguas. A medida que las capas de suelo son más jóvenes la diversidad y complejidad de los organismos es mayor. Otra predicción es que las formas de vida posteriores tienen que verse como descendientes de organismos más antiguos, siendo éstos los ancestros comunes de las especies modernas.

Cuando se habla de evolución, es común escuchar el término eslabón perdido. De acuerdo a la teoría evolucionista, por cada dos especies —sin importar que tan diferentes sean— existe una especie que fue ancestro de ambas. A esa especie se le llama eslabón perdido. Por ejemplo:

Debido a que los reptiles aparecen antes que las aves en el record fósil, podemos conjeturar que el ancestro común de las aves y los reptiles era un reptil ancestral, y tenía tal apariencia. Ahora sabemos que ese ancestro común fue un dinosaurio. Su apariencia general nos daría algunas pistas de que en realidad es un “eslabón perdido” —y que una línea de su descendencia dio origen a las aves modernas y la otra línea a más dinosaurios.

Otro caso en que las predicciones de la evolución se han comprobado es en la transición de los peces a los anfibios. Aquí, el ancestro común es el fósil de un pez antiguo llamado Tiktaalik roseae. La predicción va así: Si existían ya peces —pero no vertebrados terrestres— hace 390 millones de años y existe evidencia de vertebrados terrestres de hace 360 millones de años; entonces el eslabón perdido entre peces y anfibios debería estar en algún lugar de ese intervalo. La predicción se verificó cuando se encontró el fósil de Tiktaalik roseae en estratos de roca de 375 millones de años de antigüedad.

Uno de los mejores records fósiles que se tienen es la evolución de una especie de mamíferos hasta llegar ser las ballenas modernas.


Foto de: http://darwiniana.org/landtosea.htm

Otros casos de eslabones perdidos o bien formas transicionales se han encontrado en insectos. El record fósil también nos cuenta la historia de las serpientes, quienes se cree que evolucionaron de lagartos que perdieron sus patas, ya que los lagartos aparecen antes que las serpientes en record fósil.

Existen muchos otros casos más que muestran precisamente lo que predice la teoría de la evolución.

Para terminar cito un estracto del libro:

El cambio evolucionario, casi siempre involucra la remodelación de lo antiguo en lo nuevo. Las piernas de los animales terrestres son variaciones de los fornidos miembros de los peces ancestrales. Los pequeños huesos del oido medio de los mamíferos son mandíbulas remodeladas de sus ancestros reptileanos. Las alas de las aves fueron modeladas de las piernas de los dinosaurios. Y las ballenas son animales terrestres alargados cuyos miembros delanteros se convirtieron en paletas y cuyos agujeros de la nariz se corrieron hacia la parte superior de la cabeza.

Es tan profundo y hermoso poder llegar a saber que todas las formas de vida en la tierra somos parientes entre sí, en grados muy lejanos de consanguinidad. Eso nos debería hacer sentir como verdaderos hijos de este planeta junto con todas las formas de vida, que —al final de cuentas— ¡vienen siendo nuestros hermanos en una familia que empezó hace unos 4 mil millones de años!

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