Más de futuros: el efecto de palanca

Por Eduardo

En uno de mis posts anteriores, comenté algunos aspectos generales de la naturaleza de los contratos y riesgos a los que se accede participando en una transacción de futuros sobre un bien subyacente. Desde la perspectiva del manejo de riesgos, las principales variables fueron los precios de los commodities, la bonidad de la casa de bolsa y el riesgo operativo de decisiones desinformadas o incompetentes. Argumenté en función de estas variables la problemática de la inversión no calificada, pero dejé de lado en primera instancia el aspecto inherentemente más oscuro del asunto. Este es el efecto de palanca (leverage effect), que es el responsable de la brutalidad económica de las transacciones de este tipo.

En la matemática de los derivados financieros, el efecto de palanca es el término usado para denotar una amplificación de oportunidades y riesgos. Este se origina en una particularidad del contrato, frecuentemente no evidente, que hace que las ganancias sean una función no trivial del precio del bien subyacente. En los futuros, dicha particularidad se llama marginalización y es un detalle aparentemente inofensivo derivado de una estructura de pagos diferente a la de los negocios inmediatos.

Aquí una corta introducción al proceso de marginalización. En las transacciones de futuros, el flujo de dinero no consiste en transferencias directas a la bolsa o entre los participantes, sino a través de una casa de compensaciones central (clearing house). Este procedimiento tiene su sentido, pues la casa de compensaciones da garantías a los vendedores, y recolecta cuotas obligatorias de los compradores, para poder liquidar los contratos en la fecha acordada, aún si alguno de los compradores quiebra. La primera (e idealmente única) cuota funge entonces como una prima de seguro y se llama margen inicial.

Ahora en un ejemplo concreto: Supongamos haber pagado $10,000 como margen inicial para entrar en un contrato de futuros por 250 unidades de un bien. Como el precio del contrato es de 250 veces el precio futuro de la unidad, cada cambio de un dólar en el precio futuro de la unidad representa un cambio de $250 en el precio del contrato, o 1/40 de la inversión. Consecuentemente, es probable que los cambios en el precio del contrato alcancen rápidamente el valor de la inversión original. Si el precio inicial del bien es de $1000 por unidad, quien venda su contrato con el precio futuro de la unidad a $1040 habrá duplicado su inversión, quien lo deje caer a $960, lo habrá perdido todo, y quien deje que caiga aún más, hará de su inversión una deuda.

Así, lo especulativo de un negocio en futuros es que la inversión incurrida está dada por el margen inicial, y que las fluctuaciones alcanzan rápidamente órdenes de magnitud comparables. El orden de magnitud del margen inicial no es pequeño. A primera vista podría pensarse, pues éste es calculado como un porcentaje del valor del contrato en el mercado más algunos costos fijos. Pero este argumento ignora el detalle de que los contratos están estandarizados (¿por esta misma razón?) a valer por cantidades enormes de bienes, de centenas de miles de toneladas de granos. Así que el margen inicial va a ser invariablemente grande. Esta observación ilumina también la inaudita y creciente presión que ejercen los especuladores sobre los precios, frecuentemente de bienes cuya demanda real no ha cambiado significativamente.

Actualmente, la palanca y efectos similares se cuentan entre los aspectos más esenciales de la inversión en derivados, y lamentablemente, son de los menos comprendidos. Como resultado, cada vez más profesionales de las finanzas se sorprenden de las consecuencias inesperadas de los productos que recientemente compraron. La última gran ola de pérdidas la están dando las hipotecas inservibles pero ocultas de los Estados Unidos. Cuánto habrán perdido ya en ellas nuestros „gurús“nacionales?

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3 respuestas a Más de futuros: el efecto de palanca

  1. Pingback: Virología de la crisis financiera « GuateCiencia

  2. Eduardo dijo:

    Qué onda kike!

    Es posible (e inevitable) manipular el precio de los bienes transando cantidades significativas. Imaginatelo de esta manera:

    El precio que salió hoy en el periódico de una acción es de $15.0. Esto se debe a que en la última transacción de ayer, alguien quiso comprar digamos 100 acciones a $15.0 y encontró un vendedor que las tenía y las puso en venta a ese precio.

    Pero qué pasa si éste quería comprar 1,000 acciones? Supongamos que el vendedor con el precio más barato de ayer no tenía tantas acciones a la venta. Entonces hubiera comprado también del vendedor siguiente, dado por la lista ascendente de precios. Posiblemente entonces el precio del periódico de hoy sería de $15.2. (La bolsa es de veras como la versión hipereficiente del mercado de Pana (pero sin regatear)).

    Cuál sería el precio hoy temprano si el último comprador de ayer hubiese querido 10,000 acciones…?

    Al comprar futuros u otros derivados la manipulación es más fácil porque uno compra invariablemente el equivalente a cantidades enormes de un algo. De tal manera que la evolución de los precios de muchos productos ya solo responde a los cambios de la oferta y la demanda de sus derivados, como los futuros y opciones.

    Pero hasta aquí todo es lógica y legalmente normal. La cosa se pone buena cuando hay una razón oscura detrás de una gran transacción. Digamos que un empleado (o jefe) de una empresa usa información interna (insider trading), o que un intermediario se aproveche de sus clientes (front running) o que alguien lance información tendenciosa en los medios (scalping), etc.

    Esto podría ser un post por sí mismo…

  3. Enrique dijo:

    Hola Eduardo.

    En este tipo de mercado es evidente que a los especuladores les interesa que los precios de los bienes aumenten. ¿Existe algún mecanismo mediante el cuál ellos puedan efectivamente influir en el aumento de tales precios?

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