por litomd
El lunes de esta semana me topé con una sorpresa: habían hackeado* mi página web www.ingenieriasimple.com. Alguien logró entrar, colocó una serie de scripts en php que buscan cualquier página index.html, login.html y otras similares para introducirles un pequeño programa en Javascript que las inutiliza, o al menos eso pretende.
Afortunadamente el virus no fue más destructivo, que bien pudo serlo, pudo haber borrado archivos, bases de datos, cambiado información, pudo colocar programas falsos que al descargarse contaminaran la computadora del usuario, en fin, pudo haber hecho bastante más daño del que en realidad hizo.
Me da la impresión de que no hicieron más porque en la medida en que un ataque de este tipo es más destructivo, mayor es el énfasis posterior en la persecución del culpable, como se deduce de casos como el de la carta de amor (love letter) y el DDoS (del famoso “mafiaboy”) que produjo perdidas millonarias en empresas como eBay y Yahoo!
Mi página web es un proyecto personal del que no espero gran beneficio económico – de momento ;o) – así que no puedo decir que haya tenido perdidas económicas derivadas del ataque. Perdí bastante tiempo, eso sí, reconstruyendo las páginas y restituyendo copias de respaldo. Lo hice un día y tuve que volverlo a hacer al siguiente porque no me había dado cuenta de que los scripts maliciosos seguían ahí.
El virus era muy sencillo pero extremadamente poderoso (como dije, pudieron haber hecho bastante daño) en cada página index.html o similar, buscaba la etiqueta <body> que marca el inicio del contenido de la página y agregaba un código, usando funciones en Javascript para dificultar su desciframiento – no se entendía qué hacía a primera vista – y que al final simplemente ejecutaba estas instrucciones:
window.status = ‘Done’; document.write(”);
Con lo cual el resto de la página era simplemente inalcanzable.
Parte de mi preocupación era tener un programa registrador de teclazos (key-logger) instalado subrepticiamente en mi computadora con el que mis contraseñas podrían estar en peligro. Revisé cuidadosamente con varias herramientas anti-virus y no encontré nada raro (afortunadamente) así que me limité a eliminar el código malicioso en el servidor donde reside mi página, cambiar contraseñas y notificar a los administradores del servidor. De momento el problema parece estar solucionado.
Hace tres de años escribí un artículo en el Boletín de Ingeniería de la URL, titulado “Hackeando Guatemala” donde hablaba de lo importante que sería dedicar la genialidad que los hackers* exhiben en sus ataques a descifrar los grandes problemas de nuestra patria. Sigo creyendo firmemente que el verdadero genio no es el que encuentra una puerta trasera para entrar sino el que crea un sistema simple, seguro y fácil de usar. Hay mucho más mérito (también intelectual) en crear herramientas verdaderamente productivas y útiles que hacen la vida más sencilla, que en afanarse por destruir o exponer lo que otro ha hecho.
Lo vemos frecuentemente en Guatemala. Grandes arquitectos e ingenieros, verdaderos genios, se han esforzado enormemente por construir edificios de los que podamos sentirnos orgullosos, pero viene un chico con la cara cubierta y una lata de pintura en aerosol y plasma su mensaje (a menudo con faltas de ortografía) arruinando el esfuerzo realizado y provocando gastos adicionales para borrar la travesura.
Hay mucha ciencia y tecnología implicadas en la labor del hacker*, lo mismo que en la del chico que hace pintas. Para hackear hay que usar una buena computadora, microprocesadores avanzados, lenguajes de programación basados en matemática y lógica, redes electrónicas y técnicas portentosas de transmisión de datos, todo para cambiar una página y hacer que alguien quede en ridículo. En la pinta hay que usar años de investigación utilizados para producir pinturas y técnicas de envasado a presión, liberación en aerosol y desarrollo de adherentes fijadores del pigmento, para que el chico pueda dejar una fea marca, en un bello edificio, que será difícil de quitar.
Es probable que vuelvan a hackear mi sitio y otros más, lo mismo que seguiremos viendo aparecer pintas. No me preocupa por ello retar a los hackers a lograr nuevas proezas de intromisión no autorizada. Pero si de retar se trata, los reto a usar su ingenio, su capacidad analítica, sus energías y su motivación para crear cosas positivas, ayudar a otros a mejorar, y “hackear” nuestro subdesarrollo para que encuentre una vía de salida que nos haga pasar a un mejor nivel de vida.
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* Recibí comentarios de amables lectores indicándome que el término “hacker” está mal utilizado aquí. Reconozco que en múltiples fuentes se hace la distinción entre “hacker”, “cracker”, “lamer” y otros términos. En este artículo debí referirme al menos a “hacker de sombrero negro” o a un “cracker” o “lamer”, también pude haber dicho “script-kiddie” pero este parece ser un término en desuso, ya que mi intensión era aludir a la acción de un villano informático. Pido disculpas por la ligereza.