No hace mucho tiempo escribí sobre los futuros como productos financieros y la manera en la que éstos se usan para magnificar la especulación usando el “efecto de palanca”. Siguiendo con las malas noticias, quiero dirigir esta vez el objetivo a los productos involucrados en la crisis financiera y económica que aqueja actualmente al mundo entero.
El punto de partida de la vorágine se data en 1968. A estas alturas, Robert Ranieri, un talentoso autodidacta que se había trepado la jerarquía del banco Salomon Brothers, tuvo la idea de iniciar el comercio interbancario de hipotecas. Hasta entonces, los contratos hipotecarios consistían solamente de dos partes, el banco y su cliente, que se comprometía a pagar un préstamo con intereses dando un inmueble como garantía.
La innovación de Ranieri representó un clásico ejemplo del modus operandi de un banco de inversión. Salomon Brothers no concedía hipotecas, sino se las compraba a un banco tradicional para vendérselas a otro, recibiendo una comisión por el servicio. A manera de ejemplo podemos decir que Citibank (el banco vendedor de la hipoteca) creía reducir así sus riesgos, pues contaba con el pago supuestamente seguro de Landsbanki Islandia (el banco comprador); mientras Landsbanki asumía el riesgo del contrato original, a cambio de sus atractivos intereses. La hipoteca para el comercio interbancario recibió el solemne nombre de MBS, abreviatura para mortgage backed security.
El problema subyacente en estas transacciones es muy fundamental. Este consiste en la dificultad de asignarle un precio de venta a una hipoteca establecida en el pasado. Los elementos más básicos de complejidad son los siguientes:
1. El valor de un contrato de interés fijo depende de las tasas de interés imperantes. La razón: si las tasas de interés suben, mi contrato a x % da menos intereses que un contrato nuevo. En este caso, si quiero encontrar un comprador, tengo que bajarle el precio.
2. El valor del contrato depende también de la duración esperada de la deuda. La razón: entre más larga la deuda, más pagos de intereses. Entonces, si la duración estimada del contrato se reduce, también se reduce el precio del contrato.
3. El valor del contrato depende del valor de la garantía. Por eso, si los inmuebles se abaratan, también lo tendrá que hacer mi contrato.
En el intento de considerar correctamente estos factores, los bancos han invertido tesoros en investigación, los cuales evidentemente no han sido suficientes. El comercio de MBS floreció durante décadas, no obstante sobre una base de frágiles modelos, particularmente en torno al segundo punto de complejidad. El tercero apenas si estaba considerado.
Finalmente, se le agregó un nivel adicional de complejidad al problema por medio de un efecto de palanca. El método: emitir MBS sobre un conjunto de hipotecas, y asociar los intereses a un factor adicional de bonidad. Por ejemplo: junto 100 hipotecas con un interés promedio de 10%. De ellas, vendo un MBS ofreciendo 15% si todos los deudores pagan o solo 3% si alguno cae en bancarrota. Al llegar a este nivel, prácticamente nadie puede justificar económicamente los números.
El resto de una historia lo sella una sociedad estadounidense enloquecida, que se endeudó creyendo que el valor de las casas solo puede crecer. Y, para colmo de males, un entorno contaminado hasta la médula de MBSs, que se hallan en los bancos más diversos alrededor del globo.
Escrito por Eduardo
Escrito por Eduardo
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